viernes, 6 de diciembre de 2013

De momentos...

Y, ahí, comprendereis. Miguel O. Menassa


Estoy envuelta en una nube de vicio. Mis pensamientos son como el humo de mi cigarro que ronda sobre mi cabeza. Dispersos hilos discontinuos que se esparcen a la fría atmosfera. No sé si están mejor dentro de mí o afuera, pero los libero o me libero de ellos. Su destino, por ahora, es no llegar a algún lugar de descanso o trabajo. Sin tregua, de la misma forma que en que nacen, mueren. 

     Hubo un tiempo en que todo era claridad. El horizonte era más que un trazo lejano y curvilíneo. Era la certeza de que cabalgaba hacía un sitio seguro, donde habría de recibir una cosecha abundante de sosiego para el alma.

     Hoy, desidia. La desigualdad entre las formas de mis imágenes y mis ilusiones, inhiben todo avance a la aventura. ¿Qué hay detrás, qué hay más allá, qué hay tan sólo a cinco minutos de distancia? No lo sé. El pasado se acomoda a cada instante y exige se le deje intacto, incólume ante mis preguntas. El futuro es como una caja negra, llena de cintas multicolores con nudos que desenredar. Y en este momento siento como otros  and no one called us to the land and no one crosses there alive. No one speaks and no one tries no one flies around the sun....

     Ahora mismo me parecen mentira tantas cosas que hasta ayer resultaban verdaderas. Y quiero gritar esperando que alguien desde su orilla me oiga y diga “calma, ya pasé por eso y no morí”. Ni siquiera sé quién podría ser ese alguien. A mi alrededor la música se apaga y los sonidos tan cotidianos se reproducen indolentes, ignorando mi necesidad de otredad. 

     Hoy necesito rasgar la tela de mi vida para descubrir qué hay atrás. Con suerte lograré hacer un hoyo tan grande que quepa todo mi cuerpo y por un tiempo hasta desaparezca.

domingo, 21 de julio de 2013

Del sueño a la realidad...


A veces, con el paso de los años se nos olvida aquello que quisimos ser cuando niños. Ese sueño que visualizamos con la cabeza pegada a la almohada de la infancia. Que se gestó con una imagen que hicimos crecer en una tarde de ocio, hasta convertirla en un deseo de vida.  Comparado con lo que ahora somos ¿cuánta distancia nos separa lo uno de lo otro?

Los vericuetos de la vida nos llevan a cada uno por distintos caminos. Nuevos deseos y proyectos surgen conforme vamos madurando.  Algunos de ustedes no andarán tal vez muy lejos de lo que originalmente se  plantearon en la niñez, otros, probablemente, ni se han acercado a la ilusión.

¿Quién puede decir que ha vivido su vida conforme a lo planeado?

Los planes, dicen algunos, son necesarios para estructurar las cosas, la vida misma. Pero los planes también son obstáculos que pueden llegar a frustrar a una persona, si en el trayecto a cumplirlos se sale del vagón o incluso de la vía. Nosotros podremos  siempre fijarnos metas y objetivos, pero hay algo llamado destino, que se impone siempre, cancelando todo lo demás.

Creer o no en el destino es un asunto personal. Es cuestión de conciencia, de crecimiento y de despertar. Es importante saber que todo lo que sucede no siempre es nuestra responsabilidad ni está en nuestras manos reparar, aunque sí podemos adoptar una postura respecto a eso. Y aunque mucho podemos hacer con el libre albedrío, hay un asunto que compete meramente a las fuerzas oscuras de la naturaleza: como la genética, el karma pasado y la sincronicidad, por mencionar algunas.

¿Con qué parte de nuestro sueño primigenio el destino no está de acuerdo? ¿Por qué? ¿Qué tan conscientes somos de las fuerzas que han operado y operan ahora mismo en nuestras vidas? ¿Cómo lo afrontamos?

No todas las personas estamos listas para saberlo y por eso es que la vida puede llegar a ser una carga muy pesada de sobrellevar. Otros tantos actúan con lo que pueden hacer, aunque no sea lo mejor para ellos, y así sobreviven. Muy pocos tienen las herramientas para colocarse a la altura de las circunstancias. Analizando de dónde vienen, hacia donde han ido; buscando el por qué la vida insiste en ponerlos en tal o cuál dirección. Y las respuestas son tan sorprendentes, como inesperadas y reveladoras.

Aferrarse a las viejas ideas y costumbres sólo aumenta el dolor. Lamentarse por  sentirse amarrado y no poder  concretar los sueños es igual de doloroso. Es en la introspección donde se descansa. Indagar en nuestras circunstancias, revisar las dificultades, los tropiezos y los logros nos ayudan a comprender, a reparar y a volver a darle dirección a nuestra visita en este mundo. Con este nombre y este cuerpo que poseemos. Una visita que podemos aligerar haciéndola más lúdica y menos melodramática.  Habiendo tantos paisajes hermosos es increíble que todavía haya algunas personas que insistan en transitar por el tan mentado Valle de lágrimas.

sábado, 16 de febrero de 2013

Insomnio





Hay noches en las que uno no duerme nada. No se puede dormir porque la mente y el alma requieren estar alerta. Se resisten a apaciguarse, a sumergirse en ese remanso que ofrece el sueño.  Imágenes, recortes del pasado muy pasado, o del pasado reciente, nos obligan a dialogar con las acciones que ya se cometieron, se hubieran cometido, o se dejaron de cometer. El mismo análisis sucede con las palabras dichas, con los silencios… Lo anterior, enfocado a la situación actual en lo que nos encontremos,  buscando el porqué, en vez del para qué.

Del tamaño del insomnio es la catarsis, tan dolorosa como necesaria…

En el insomnio más sobrado, las horas se cuentan en minutos que se extienden hasta tantear la puerta del diablo más fecundo.  Uno no necesita tocar para acceder. El anfitrión se anticipa: recargado en el umbral, vestido de levita, con su sardónica sonrisa nos espera. Nos ha esperado siempre, porque sólo él sabía que, tarde o temprano, llegaríamos hasta allí.

Es como si al guión de nuestra vida “alguien” le mandara un “Deux ex machina”, para provocar caos, destrucción, desesperanza, sorpresa, miedo, inmovilidad; uno a la vez o todo junto, según el cambio de tuerca que necesitemos experimentar para aprender. Tan inútil es dormir como querer seguir dormido. Sería en vano el derroche de fuerzas cósmicas si nos empeñamos en impedir la transformación, si pretendiéramos seguir siendo como hasta ahora hemos sido.

Por eso hay noches en que uno no duerme nada. Se visitan los lugares antiguos, se transita por ellos. Se repasa uno mismo y se repasa al otro: al que queremos, al que odiamos, al que necesitamos, del que hemos dependido, al que hemos solapado, al que dejamos ir, al que amamos… El proceso dura tanto como nuestra resistencia. Lo que sí es seguro es que después de aceptar y convivir pacíficamente con nuestra sombra, las larguísimas y oscuras noches se disiparán. Y uno al fin podrá dormir, pero nunca volverá a ser el mismo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Las palabras y sus caprichos






Ya es viernes. Toda la semana me senté frente a la computadora para escribir un texto. Se supone que los escritores eso hacemos, sin embargo, las palabras no están siempre dispuestas a producirse en nuestra mente con una secuencia lógica, aunque uno sí lo esté.

Siguiendo indicaciones de los experimentados en estos menesteres, hace un par de años que intenté infructuosamente hacerme de una rutina para escribir por las mañanas. Tal parece que la luz del día coarta mi libertad de pensamiento,  que tiende a sentirse más cómodo y libre en la oscuridad de la noche.

Bajo esa premisa escribí mi primer novela y otros textos que aún intentan ser algo un día. Crear una rutina para escribir sí sirve, obliga a enfocarse, da disciplina, y ayuda a penetrar con más precisión en las atmósferas. Pero ¿qué pasa cuando aún respetando todo el ritual que hemos creado para escribir, las palabras se esconden en esa parte del cuerpo que cada escritor conoce?

Esta semana no pude crear ni un párrafo nuevo de mi siguiente novela. Entonces quise corregir unos cuentos que ya tenía, pero tampoco pude. Las palabras que insertaba en las oraciones no funcionaban y mejor abandoné el intento. Lo curioso era que al  ponerme la pijama, lavarme los dientes, o incluso ya acostada en la cama, las ideas comenzaban a brotar. Las palabras subían a mi cabeza y se agolpaban con un ritmo vertiginoso, exigiéndome que les hiciera caso. Mala hora para que me suceda, pienso. Es un dilema difícil de atender: tratar de conciliar el sueño porque quedan pocas horas para dormir, o levantarse otra vez a prender la máquina. Espero que sea transitorio, o ¿será acaso que el nuevo texto está exigiendo su propia rutina?

jueves, 8 de noviembre de 2012





II


Poco a poco nos acercamos al final del día, al final del mes, al final del año; a nuestro propio final. A esta hora ya no existen tantas cosas que hasta hace rato sí. La noche calla algunas voces, el día a otras, en una siniestra repartición de tareas.  Y no todos los pájaros que canturreaban por la mañana podrán hacerlo otra vez…

Cuántos árboles dejaron de ser árboles hoy. Cuántas sillas usadas fueron destruidas en el mundo. Cuántos vasos rotos. Cuántas cartas quemadas. Cuántos te quiero borrados del email. Somos parte de las cosas y como las cosas hemos de ser destruidos por la implacable rueda del destino. Hoy me alcanza la energía para apretar las teclas, a otros ya ni eso…

sábado, 9 de junio de 2012


I

Ya sólo soy un dolor en los huesos. La frialdad de una sangre que circula sin ganas. El espasmo de unas vísceras huecas. Soy falta de aire. Anginas inflamadas.

He dejado de caminar por la calle desde hace tiempo. Me niego a arrastrar los pies. Me da miedo bajar la banqueta con estas piernas flácidas que cada vez soportan menos. Miro la otra esquina como se mira una lejana estación de tren, nebulosa y solitaria. Nadie me espera del otro lado.

Es difícil vivir en una ciudad que no se recuerda. Donde hasta la propia sombra parece un extraño. Hemos imitado con las calles al laberinto de Dédalo. Escondido en alguna parte está el monstruo.

Sabrán que enfermé por la falta de fuego. Por las brasas extintas que sedimentan  mi sangre. Por el humo tóxico de los recuerdos que me asfixian y me provoca este ardor en los ojos.

Ya la cama contiene mi forma porosa y tiesa. La forma última de los cuerpos moribundos. Es molesto que alguien abra la ventana para que se cuele el aire fresco, cuando lo que yo deseo es ahogarme.

Espero que el techo pronto se desplome sobre mí. Cuando por última vez cierre los ojos. O quizá se me queden abiertos, y los polvillos rojos del otoño sea lo último que vea. Que sobre mí caigan, que me sepulten…

Me ha dolido la cabeza, el hígado, el corazón. Desde el día que miré por la costura de mi cuarto, un virus me contagió de muerte. Me infectó las ganas. Deprimió mis defensas vitales. Atacó mi risa.

Dicen que sea optimista, que soy joven, que voy recuperándome. Y yo sé que mienten. Que me transformo en nada, que unas manos me están pulverizando…

jueves, 26 de enero de 2012

Autosabotaje

Es 26 de enero. Se fueron ya veintiséis días de un año que se perfilaba muy productivo. Hablo en pasado, porque aunque el año está casi nuevecito, esos veintiséis días no regresarán para que no volvamos a desaprovecharlos.

Así he tirado a la basura mucho tiempo de los años que tengo ―no pregunten cuántos―, en todo caso, la pregunta oportuna sería: ¿qué he dejado de hacer? La respuesta es: dejé de trabajar en pos de mis sueños.

Con una energía renovada decretamos, planeamos cada primero de enero en la madrugada: que si vamos a comenzar una rutina de ejercicios, que ahora sí vamos a estudiar un idioma nuevo, que se emprenderá ese negocio que hemos cocinado desde equis tiempo, que se concluirán los estudios, y cientos de etcéteras…

A más de uno nos ha pasado, no lo podemos negar: cada año se queda algo pendiente en el tintero...

Y hay que confesar que no es por falta de tiempo; ha sido falta de valor, de fuerza de voluntad, o por desidia acaso, que nos hemos paralizado. Autosabotaje, dirían los expertos.

En mi caso, no puedo echarle la culpa a "la inspiración que no llega", cuando de escribir se trata. Los que estamos en la profesión de la escritura, sabemos bien que todos los elementos necesarios para producir un texto se obtienen a base de disciplina, lectura y constancia. A mí me han faltado dos de esos tres elementos.

¿A ustedes qué les ha faltado?

A unos antes, a otros después, la insatisfacción personal se nos aparece en forma de sombra. Nos persigue justo en el momento en que deberíamos estar ejecutando lo planeado, y en cambio, usamos ese tiempo en otra cosa. Esa sombra pasa frente al televisor, se mete con nosotros bajo las sábanas, ya muy entrada la mañana. Nos persigue en el café con los amigos, se tumba a lado nuestro en el sofá. Y También nos habla, dice "deberías estar haciendo esto o aquello", pero le subimos el volumen a la televisión para no oírla, o le contestamos, allí acostados "un ratito más".

No sé ustedes, pero yo no pienso conceder ni un rato más a esos obstáculos que me desvían de mis objetivos; ni aunque la cama con sus cobijas calientes quiera aprisionarme a ella.

Hay que entender que la vida está avanzando mientras uno se queda. Entender que la vida no es MAÑANA LO HAGO. Que la vida es ahora. Y yo, por lo pronto, AHORA quiero escribir...

martes, 5 de abril de 2011

Vidas Baldías, en la Feria Universitaria del Libro


Para los que vivan o anden por Mazatlán, los invito a la presentación de mi novela, Vidas Baldías, ganadora del Premio Nacional Valladolid a las letras 2010, que se llevará a acabo en el marco de la ahora denominada, Feria Universitaria del Libro (antes FELIART), este viernes 8 de abril a las 19:00 hrs, en el corredor cultural de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Mucho agradeceré si me ayudan a difundir la noticia entre sus conocidos.
Allá nos vemos...

miércoles, 23 de febrero de 2011

Niña



Todos los días trato de acordarme de ti:

cómo era tu voz,

a qué jugabas,

qué te hacía llorar,

de qué parte del estómago brotaba tu risa.


Todos los días toco la cicatriz de mí rodilla

y procuro no arrancarme la costra

que quedó aglutinada en mi alma,

con otras más que aún duelen.


Todos los días te canto

esa canción que culminó tu infancia

Te digo con los ojos que te quiero

aunque a ti veces se te olvide...

viernes, 18 de febrero de 2011

Olvidarte


Olvidar que existes, es fácil

como cerrar la ventana

para no oír tu voz como un ruido que molesta.

Tirar la manzana que ya no comes

y que supura líquidos pestilentes

contaminando mi espacio.


Olvidar todo de ti, tarea sencilla.

Como cambiar de canal al televisor

soltar el drama y ver comedia

o apagar el aparato, francamente

y escuchar música barroca.

                 Nada comparado a la sencillez tuya.


Alejarme de tus símiles

no hacer caso a tus muebles:

tu silla predilecta

      el lado de tu cama

            la mesa de centro que acunaba tus pies.


Dormir con seis cobijas

romper tu taza del café

dejar el gato afuera

comer sobre la cama

y fumar otra vez en el baño.

Ser yo, así como era antes de ti

con el plato de comida tan alejado de las formas

mientras se enfría con mis lecturas.


Sí puedo olvidarme de ti.

Necesito comenzar ya el desorden en la casa.

Cerrar la ventana

                 -por dentro y por fuera-

esperar a que la fruta que compré, por si llegabas

                                supure tu ausencia.

Silenciar todas las músicas del mundo

conciliar el sueño y cobijarme

                           pesadamente

                                 como a ti no te gustaba.


Matar al gato que duerme en tu vacío

Volver a comer… Para comer sobre la cama

                                       y a fumar ya he empezado.


Falta acordarme exactamente

como era yo antes de ti.

Recuperar el olor de mis soledades

regar por la casa mis libros favoritos

que pacientemente ordenaste en la estantería.

Estar sin bañarme otros tres días

                                           ¡Ah!... Y comer.

Necesito volver a comer sin ti.

sábado, 5 de febrero de 2011

El sótano



Apenas me asomaba al sótano

un haz de luz iluminaba

las cajas roídas por el tiempo

                             ... y una que otra rata hambrienta de mi memoria.


Fotografías húmedas

por las lágrimas de una infancia rota.



Apenas un paso adentro

los murmullos patearon las tapas

rasgando la cinta que los sellaba.


Un recuerdo escapó…

Un dos tres por todos mis amigos

susurró mi nombre

al encontrar mi escondite

tras la puerta de los treinta.


Los años me miraron a los ojos

antes de subir por la escalera

y cerrar la puerta con indulgencia.


Las risitas de las cajas asomaron sus cabezas

                                     el aro azul rodó.

El juego de la oca

Platero y yo nos asustamos.


El silencio quedo inerme

ante tanto alboroto

que huyó a otras infancias

de apagadas voces

de dormidos recuerdos…


Ya soy parte del barullo:

voces niñas me acompañan,

trinar de canarios,

maullidos pintos,

aguaceros de láminas,

las piedritas en los vidrios…


Ya salen los abuelos y los padres

los amigos aún infantes.

Apenas…


Y comienza el juego

de la edad desgastada.


Merodeando a tientas el sótano

voy con la penumbra en el alma

los ojos aguados

las rodillas raspadas

buscando…

         oliendo…

                    gritando..

Un dos tres por todos los que me faltan...





viernes, 7 de enero de 2011

Sequía


Esa mañana del 24 de diciembre el frío era como un cuchillo de hielo que me partía la cara, mientras esperaba que la cubeta se llenara a cuenta gotas. Debía llenar tres. Imposible con la miserable ración de agua que se nos permitía almacenar nada más entre las seis y las nueve. Después de esa hora la tubería se volvía seca y oxidada, sin esperanzas de exprimirle chorro alguno.

―No va a venir, convéncete ―le dije a Ita, frotando mis manos enfundadas en esos guantes que encontré a buen precio en el tianguis de San Agustín.
―El cielo se ve cuarteado. Va a arreciar el frío ―me dijo ella, sin hacer caso a mis palabras; con la mirada puesta en el vasto horizonte que enfrentaba nuestra choza cada día.

     Las cartas llegaban muy puntuales al principio, cada fin de mes. Al cabo de un año recibíamos a lo mucho una cada tres meses, hasta que nos acostumbramos a las tarjetas de cumpleaños solamente: una para Ita y otra para mí. Inesperadamente, a finales de noviembre y sin ser cumpleaños de ninguno de los dos llegó aquella en la que nos anunciaba que vendría para Noche Buena.

     Ya era Navidad: un pollo rostizado se quedó completito en su bolsa de papel estraza, aguardando ser el banquete de su recibimiento. Un manjar digno después de cuatro años de no verla, pero nuestra madre no llegó.

     Ita aún tenía esperanza que de un momento a otro apareciera su figura subiendo la loma. Tal vez no encontró camión, decía, cuando yo pensaba que era lógico que mamá no quisiera regresar a la pobreza de nuestro pueblo, de nuestra casa. Lo que no estaba bien era que jugara con las ilusiones de mi hermana, pues yo desde que se fue, vi en sus ojos la mirada sin retorno.

     Cerca de las tres de la mañana y con las mejillas mojadas, Ita se fue a dormir. Me dijo que era el vapor de la olla con el ponche hirviendo, pero yo sabía que le escurría el llanto cuando se encontraba de espaldas removiendo el líquido sobre el anafre.

     El recuerdo de Ita es plomo en mi conciencia. La veo con su capucha verde y la chamarra negra sintética que se compró, con los últimos veinte dólares que le mandó mamá en su cumpleaños. Recargada sobre los troncos apolillados que sostenían su fiel espera. Con su mirada puesta quizá ya en otro lado. Hoy que cumple sus dieciséis, y a un año de que ella también se fue quién sabe con quién. Entre tanto yo sigo llenando las cubetas con el miserable chorro de agua que nada más me visita de seis a nueve de la mañana.

Imagen tomada del blog Las Historias de Alberto Chimal.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

A Adriana Gracia la inspira Mario González Suárez

Con 'Vidas baldías' gana el Premio Nacional Valladolid a las Letras
Héctor Guardado
07-12-2010


MAZATLÁN._ Julieta es una mujer que en vida padeció esquizofrenia, descubre que murió, y desde esta perspectiva, con la conciencia que le da su condición, consigue llegar a su destino final. Esa es la historia que narra Vidas baldías, de Adriana Gracia, con la que ganó el Premio Valladolid a las Letras.

La escritora, nacida en el Distrito Federal y egresada de la Escuela de Escritores de la Sogem, reveló que es admiradora del escritor Mario González Suárez, su maestro. Asiste al taller literario que éste ofrece en la Ciudad de México.

"Aspiro a escribir como Mario González Suárez. De sus libros, mi favorito es De la infancia, ese texto influenció mi novela Vidas baldías, con la que gané el premio. De esa novela admiro sobre todo su manejo del tiempo onírico-fantasmal, tiene un lenguaje muy depurado, su prosa es exquisita, tiene la palabra exacta para la emoción correspondiente y para la acción especifica que está contando", reveló.

"Esa capacidad provoca en el escritor una alegría muy grande, esa es mi principal aspiración, escribo para mí, para contar historias, no lo hago para complacer a los lectores".

-¿El ambiente depresivo e inquietante de las novelas de Mario González Suárez te atrae?

"Sí, porque es una forma muy sana de sacar los demonios, con estas novelas se despiertan conciencias, cada vez hay más gente que descubre sus fantasmas y eso ayuda a conocer la condición humana, para eso sirve la literatura", dijo.

"Este premio me confirma que estoy en el lugar correcto, que estoy haciendo lo que quiero. Para quedarme en la literatura tuve que dejar el confort de un negocio establecido, pero vale la pena, porque la literatura es una aventura, una pasión un destino, en el intento descubres el mundo".

martes, 7 de diciembre de 2010

Entregan el Premio Nacional Valladolid a las letras

Entregan el Valladolid a las Letras
Elman Trevizo lo recibe por cuento y Adriana Gracia por novela
Héctor Guardado
06-12-2010 



MAZATLÁN._ La historia de Julieta, una mujer muerta que después de expirar ve en perspectiva su vida y entiende lo que paso en su existencia, fue escrita por Adriana Gracia en el taller que imparte el escritor Mario González Suárez en el Distrito Federal. Ella se hizo acreedora al Premio Valladolid a las Letras, que se entregó en el Centro Cultural Valladolid la noche del sábado, por su novela Vidas baldías.
En el renglón de cuento infantil el ganador fue el chihuahuense Elman Trevizo, un hombre de 29 años lleno de vitalidad, que dirige en la Ciudad de México un taller infantil de creación literaria, y además es editor en Grupo Z. Él ganó con el cuento El gallompiro, que narra la historia de un ave que lentamente se transforma en vampiro.
En representación del Sistema Valladolid estuvieron en el presidium Evangelina Bazán, directora de la unidad Centro; Olga María Enciso, coordinadora del Premio Valladolid a las Letras; Claudia Pérez Tirado, directora de Recursos Humanos y Galilea Martínez, directora de la Unidad Villa Verde.
Representando al jurado de novela estuvo presente Laura Medina, quien felicitó a la institución por apoyar a los nuevos escritores mexicanos, y por parte del jurado de cuento, Ana Belén López Pulido mencionó que es importante apoyar la literatura porque los libros transforman a los seres humanos.
Se entregaron cuatro menciones honoríficas, a Sergio Navarro, Bernabé Alatorre, José Ramón Ortiz y Jaime González.
Los ganadores recibieron un reconocimiento y un cheque por 70 mil pesos para Adriana Gracia y 50 mil para Elman Trevizo.
Después de la premiación, la violinista Mónica Osuna y el pianista Eduardo Pérez ofrecieron un concierto en el que interpretaron las piezas Allegro, de Fiocco; Danza Húngara 5, de Brahms; Meditación, de Massenet y Dos guitarras.

PREMIO VALLADOLID A LAS LETRAS
Primer lugar novela: "Vidas baldías", de Adriana Gracia (70 mil pesos)
Primer lugar cuento: "El gallompiro", de Elman Trevizo (50 mil pesos)

AUMENTA MONTO DEL PREMIO
Olga María Enciso, coordinadora del Premio Valladolid a las Letras, anunció que el próximo año se va a entregar una bolsa de 200 mil pesos: 130 mil para novela y 70 mil para cuento. 

sábado, 30 de octubre de 2010

A un muerto



Eras el abismo.
Escondite perfecto de sustancias negras
que se alojan entre la carne y los huesos.

Descubrí tu armadura oxidada
aquella noche que fui lluvia sobre tu espalda
y tu piel se herrumbró entre mis manos.

Me desprendí de tu vacío.

Fui el tiempo que dejó de extenderse
en tus cuartos agrietados
y sentenciaste que todos los días
de todos los años
no serían nada en ese sitio sin mí.

Regresaron las voces de tus fantasmas
que sólo escucha tu oído izquierdo
pues en el derecho….Yo
en esa alcoba tan vacía hasta de ti.

Crees sentir mis dedos en el aire de tus mejillas
y te despiertas tan deshabitado
respirando la inercia de tu cuerpo que vegeta
que se repudia a sí mismo
porque desconoce lo dulce que es vivir.

Eres un muerto que pena a mi capricho
pues soy quien te revive
en esa hora del día que no conoces
y soy yo quien te vuelve otra vez a enterrar.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Poetas de Iberoamérica rinden 'Tributo a Sabines'



◦Aproximadamente 50 escritores se dieron cita a este homenaje

Se trata de una antología en donde se reúnen poesías, crónicas y ensayos de Sabines compilada por el poeta Jorge Contreras Herrera

CIUDAD DE MÉXICO (23/SEP/2010).- Con el propósito de perpetuar el legado del poeta Jaime Sabines nació la antología 'Tributo a Sabines. He aquí que estamos todos reunidos', compilada por el poeta Jorge Contreras Herrera y que anoche fue presentada aquí.

La edición reúne poesía, crónica, ensayos, una entrevista e imágenes del llamado 'poeta mayor', la cual fue presentada en el Centro Cultural 'José Martí' por algunos de los 50 escritores que participaron en este homenaje.

Entre los invitados a esta presentación destacan el poeta cubano Rafael Carralero, el escritor colombiano Jacinto K´anul, el representante de editorial Morvoz, Eric Marvás, Juan Carlos Valdovinos, editor de Fridaura, y el compilador Contreras Herrera.

Durante el acto, Contreras señaló que esta antología nace del éxito de la convocatoria que lanzó para reunir a poetas de toda Iberoamérica a fin de rendir tributo a Sabines.

En medio de una atmósfera colmada de nostalgia comenzó la lectura del poema 'Tía chofi', de Sabines, a cargo de Erick Marvás, quien lo leyó de manera majestuosa gracias a su desbordada interpretación.

Asimismo, el eterno admirador del 'poeta mayor', Jorge Contreras, dio lectura al poema 'In memorian Jaime Sabines', el cual describe el profundo dolor causado por la pérdida de este gran vate y que escribió minutos después de enterarse del fallecimiento, refirió.

Durante varios minutos el público fue testigo del trabajo realizado por poetas como Cristina de la Concha, Adriana Gracia Flores, Ricardo Varela, René Higuera, Alberto Arellano y Alejandro Campos.

Asimismo, cuenta con la participación del candidato al Nobel de este año, Miguel Oscar Menassa, Lucero Balcázar, Juan Pomponio, Karini Apodaca, Regina Swain, Pilar Chehin, Pablo Aldaco y Mijail Lamas, entre otros escritores.

El prólogo de ésta compilación es de Fernando Reyes, quien también dio lectura a su trabajo; además, fue él quien otorgó una fotografía de Sabines para la realización creativa de la portada.

Dicha publicación fue posible gracias al trabo conjunto de las casas editoriales Fridaura y Morvoz, con el apoyo de Cithari y Somepse, que permitieron la publicación de este libro.

Jaime Sabines, Premio Nacional de Literatura en 1983, fue un poeta y ensayista mexicano nacido en Tuxtla Gutiérrez en 1926. Murió en 1999.

Su obra tiene un marcado acento informal que lo convierte en un poeta de todos los tiempos. Su prosa apasionada y su verso sentido y sensual, hacen viajar al lector por un mundo de realidades vividas.

En 1965 tras su visita a Cuba para servir como jurado del Premio Casa de las Américas, sufrió un gran desencanto con las tendencias izquierdistas, sentimiento que dejó plasmado en su libro 'Yuria' publicado en 1967.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Noches de lluvia (O lo que ignora Alzheimer)



A veces evoco…

Nombres que pronuncia
los hilachos de la memoria
con la boca cerrada por el miedo.

Nombres de gente; lugares
que brotan espontáneos
por entre la línea de mis párpados.

Cuando la lluvia empapa mi cabeza
se me escurren por la coladera
abrazos efímeros
recuerdos extraños
que alguna vez fueron míos.

Y acucian las lágrimas a los ojos
en noches lluviosas como esta
entre paredes cuarteadas de insomnios
el alma llena de pereza
de frío
de ausencia
hasta de mí misma…

sábado, 5 de junio de 2010

Atropellada



Terminé de juntar los trozos de mí que quedaron regados en el pavimento. Fui aplastada. Literalmente quedé como un rompecabezas difícil de armar; me falta una pieza que fue totalmente triturada y ya no podrá completarme.

Sé que ya no volveré a ser la misma, pero no importa eso; el pasado es un archivo al que no le tengo miedo y en cambio lo uso para crecer.


Este hueco que ahora me queda con el tiempo podré llenarlo, robándole a la vida la imagen de un lago de aguas diáfanas y peces multicolores y haré que embonen sus contornos con los bordes de mi alma para estar otra vez completa.

Estoy viva a pesar de la poca pericia del conductor que me arrolló. Lo perdono por su inconsciencia, aunque no sé si él se perdonará su cobardía. Este accidente en mi vida me ha vuelto más sensata; ya no cruzaré cualquier calle.