viernes, 10 de julio de 2009

Oníricamente muerta



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El día y la noche, no el lunes ni el martes,
ni agosto ni septiembre;
el día y la noche son la única medida
de nuestra duración.
Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos.
Jaime Sabines.

Es un sueño que gestó la muerte...

Ella ensaya las formas de morir de día
o a cualquier hora, con el rostro apagado
como un gato que duerme eternamente
con las patas cansadas de pisar tantos tejados.

En esa hora del día en que nada acaba y nada empieza
cuando la ciudad es un cadáver que ronca
el cielo desteñido cierra sus nubes oscuras
con el claro de luna se dibuja el horizonte.

Pálidos dedos deshacen agujetas Converse
y llevan el líquido tóxico a la boca seca.

Inmóvil ella
juega su sangre al perpetuo silencio
inclina su conciencia al techo cuarteado
se persigue a sí misma en un círculo vacío
sin alcanzarse en la contracción de la muerte.

Ya es un leve gemido de espuma
que nunca más regresará del mar de la inconsciencia.

Conectada
su libertad atrapada en la trampa bruma
ella se resiste a la vida sin sentido
y la muerte se resiste a destiempo.





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